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Posts Tagged ‘semiosis social’

El temor al absolutismo en la ciencia ficción

Los Wachowski en “matrix” y en “Cloud atlas”, y de alguna manera en “Jupiter ascending”, han expresado el temor a un futuro de gobierno totalitarista, que ejerza el control de mentes y cuerpos, de economías y sistemas políticos que usan al hombre como objeto y no como fin.  Pero este temor al absolutismo es casi una constante en la ciencia ficción. 1984 es el arquetipo en el que se basa toda esta línea de continuidad en el género literario:  el gran hermano que lo ve y lo controla todo, al cual debe rendirse cuentas y ante quien las singularidades son anuladas.  En “Brasil” el biopoder de ese sistema, que cercena las voluntades con  lobotomías efectivas, va más allá de la burocracia kafkiana que la misma película retrata, es más radical en la intervención sobre los cuerpos de lo que “la naranja mecánica” pudo plantear, o de lo que “equilibrium”, con sus dosis reguladas de medicamentos inhibidores de la emoción presentó decadas después.  Esta cirugía se repite en “sucker punch” y en muchas otras historias.  Los Borg de “star trek”, los cybermen de “dr. who”, los humanos colonizados desde dentro en sus conciencias de “the invasion” y tantas  otras historias  expresan el mismo temor a la intervención física sobre los cuerpos para arrebatarles su libre albedrío.  Pero es el mismo temor:  la supresión de la libertad e identidad individuales por un sistema externo .  La ley, la norma y el control impuestos a las conciencias y a los cuerpos.  Toda la mitología de los zombis en la ciencia ficción, un sub-género en sí mismo, no es más que una derivación de este temor a estar muerto en vida al perder la voluntad a causa de este agente externo que controla desde dentro.

Hay héroes en estas  historias que lideran revoluciones, exitosas, pero son más las tragedias que muestran la inutilidad de tal levantamiento. Mr. K en “el proceso” de Kafka, ejecutado por el absurdo del sistema, es el arquetipo anticipado de la futilidad de la resistencia individual.  La muerte programada, ineludible, de los replicantes en “Blade runner”, no nos deja alternativa:  ni siquiera huir es posible. Los rebeldes masacrados son más en toda esta mitología que los héroes exitosos.

Pero este temor no es otra cosa que la defensa, por la vía negativa, del paradigma moderno de la libertad individual, de la autosubjetivación, de que la razón de ser del Estado en la protección de las libertades individuales.  Un paradigma que se siente frágil, desde la condena de Sócrates, y debe mostrarse como el axioma de la civilizacion:  Perderlo es perder la quinta esencia de la humanidad.

Yo disfruto de los relatos, sin embargo, no puedo dejar de pensar en que son propaganda que devalúa formas comunitarias de pensar la voluntad, mucho más antiguas que la democracia griega, el Estado moderno o la doctrina de los Derechos Humanos. Formas, por demás, contemporáneas, pero demonizadas, des-humanizadas por la ideología subyacente a estos relatos.

Pedagogía de aprendizaje por proyectos e interculturalidad

Durante el proceso de construcción de una propuesta curricular para la enseñanza de las ciencias con el pueblo inga, nos hemos encontrado con una ventaja de la opción pedagógica del aprendizaje por proyectos: el sujeto de aprendizaje es el colectivo y las perspectivas de las disciplinas de conocimiento suelen desdibujar sus fronteras para sumarse holísticamente, interdisciplinarmete, en el abordaje de objetos complejos.  Y esto es congruente con las formas de pensar la subjetivación en comunidades indígenas, que hace énfasis en esta identidad colectiva y no en la subjetivación de individuos, como sí sucede en la escuela occidental, y en la comprensión integral de los fenómenos de la vida, no fraccionándolos cartesianamente.

La idea de las rutas pedagógicas participativas, la convergencia en metas comunes de interés colectivo de los propósitos de aprendizaje escolar, pueden ser muy fructíferas como mecanismo pedagógico en un proyecto de Educación propia o con enfoque intercultural.

El problema estriba en que la institución escolar está diseñada como un dispositivo para la subjetivación singular; las evaluaciones, por ejemplo, se suelen hacer no para el alcance de las metas u objetivos de proyectos que se abordan colectivamente sino por el desempeño individual, la participación de cada persona en su alcance.  los reportes que deben hacerse acerca de la calidad de la educación se hacen con la evaluación a los individuos, censal o muestralmente, pero no desde el bloque del colectivo como sujeto de aprendizaje. Esto plantea que la opción pedagógica por los proyectos integradores puede ser un germen de transformación de la escolaridad indígena;   sus prácticas no-ajustadas a la institucionalidad escolar, la ponen en crisis, la obligan a transformarse, a buscar nuevas formas, a decolonializarse.

El mérito de Warhol

El mérito de Warhol

Con la obra de Warhol, La repetición de lo serial adquirió valor como objeto del mundo del arte, pero el mérito de este artista norteamericano está en haber instaurado, y legitimado desde su lugar de poder, una nueva mirada sobre esa gráfica que no está en el mundo del arte. Esos giros paradigmáticos sí se le abonan y agradecen como aporte a la historia de la filosofía del arte. Esa es su revolución estética, no la de la obra que salía de la fábrica de imágenes que fundó.

Pluralismo jurídico y Derecho Mayor

Está idea de equiparar las formas de la moral cultural con un derecho consuetudinario, y llamarlo “derecho mayor”, está haciendo escuela cuando se habla de pluralismo jurídico con los pueblos originarios, nativos o indígenas.  Se presenta ese sistema de comportamiento regulado por la cultura como contraparte del derecho positivo de los Estados, aunque no esté regido por la lógica del código, de la ley formal.  Ambos se llaman “derecho”, y  podrían ser comparados, entrar en “diálogo” si el “pluralismo jurídico” se reconoce.

Pero llamar “derecho” a esas formas culturales es ya empaquetarlas, para su inteligibilidad, en la lógica de la normatividad jurídica occidental.  El “peligro” de ser así significadas (taxonomizadas) se “equilibra” con llamar a la normatividad y la moral cultural como “mayor”.  En esta contraposición, las formas tradicionales de las culturas nativas estarían en una suerte de primacía por ser más antiguas (mayores en edad) o por ser antológicamente mayores que la contraparte occidental.  Esto, además, refuerza el mito de la superioridad moral de los indígenas que, de entrada, es un modo de descalificar el valor de la contraparte occidental.
Algo está aquí mal, en el sentido de que no concuerda con la propuesta de la interculturalidad de significar al otro como igual pero diverso; y es que el reconocer la alteridad en su particularidad, partiendo de un juicio moral, decir que el derecho de uno sea mayor o menor que el del otro, introduce una frontera que dificulta la valoración prudencial de los contenidos que el otro presenta en el diálogo.
Ahora bien, la idea del derecho “mayor” como algo que trasciende la relatividad de la cultura, puede ser un poco más fértil para pensar.  Pero no parece hacerse referencia a eso tampoco, es decir, que el derecho mayor esté fundado en universales humanos, no continentes, no es lo que parece expresarse con el adjetivo “mayor”, pues éste califica al derecho de los pueblos indígenas, es decir, es relativo a su particularidad histórica, cultural, a su alteridad.
Pero si el Derecho Mayor lo es porque corresponde a una ética o a una moral previa al derecho formalizado, es decir, que es mayor por que precede a la legalidad y puede ser su fundamento, quizás sí sea un concepto que tenga sentido consistente con los propósitos del proyecto intercultural.  Los derechos son constructos históricos, es decir, no hay legislación que no haya sido formulada por fuera de las contingencias humanas de las luchas de poder.  Antes de su formulación hay un “deber ser” que busca reconocimiento en la lucha de un grupo social;  su legitimidad, o “bondad”, para tal grupo, no depende axiológicamente de que llegue a tener tal reconocimiento.  Se considera moralmente bueno aunque no sea legal. Ese “derecho”, que precede a la ley, es “mayor” que ella y se le propone al espacio de la lucha de poder, al espacio del diálogo intercultural, como algo que puede considerarse precisamente por su bondad.  Así pues, la aspiración, la demanda, el derecho que puede reconocimiento, puede ser mayor que la ley que construimos en el contexto de los Estados Multiculturales.