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Archive for the ‘teología’ Category

Triduo Pascual

TRIDUO 1.
El memorial del juicio político a JESÚS por rebelión, como a cualquier zelote, su condena a la muerte en cruz por parte del imperio romano, recuerda que el Dios de Israel es parcial, que toma partido en el seno de la historia por las victimas en contra del victimario. Así fue desde el hecho fundante del mar rojo. Y lo hace resucitando al crucificado, no sólo por que le da la razón, sino por que se la quita a sus verdugos. La muerte no tiene la última palabra. Por eso se conmemora todo eso comiendo y bebiendo, reuniendo a los testigos del que vive en un acto que, en el más llano de los sentidos, sirve para alimentar la vida. Lástima que se le pegó Tanto rito y protocolo a esa cena del memorial.

TRIDUO2
Darle sentido a la muerte es algo que todas las religiones hacen. El memorial de la pasión de Jesús de Nazareth no sirve para eso. Es una muerte absurdamente cruenta e injusta. Ella no tiene sentido. Tanta imagen de la pasión que reproducimos en el barroco latinoamericano no le da más aceptabilidad. Para reconocer La mortalidad del hombre Jesús, la plena solidaridad del Hijo de Dios encarnado con la humanidad no se requiere de tanta sangre. Es el saber que la resurrección se impone al absurdo de semejante pasión, no querida por el Padre, lo que le da sentido. Por eso la recordamos con esta tradición gráfica tan cruda, para que la luz contraste con el sinsentido de la injusta muerte y la denuncie como lo que Es: contraria al querer de Dios.

TRIDUO 3 (finale)
La primavera, como el amanecer tras el solsticio de invierno, son momentos de los ciclos de la naturaleza que se significan en muchas religiones como esperanza en que la muerte no es el fin. La “Pascua Florida” de los cristianos se parece a eso, y aprovecha tal arquetipo, pero no ese su significado. Para la fe de los judíos es contradictorio que haya un resucitado sin que sea el fin de los tiempos que esperan. Esa revelación no es inteligible en su cultura, pero usa la creencia de los hijos de Abraham en la posibilidad y promesa de que Dios restaura la vida. La Pascua es una fiesta que alegra por razones menos primitivas que las del sentido trascendente que damos a la primavera y se distancia de la fe judía: la vida del nazareno es una vida que puede segarse, no hay duda, morir no ha dejado de ser parte del proyecto divino, el renacer sí es posible como intervención divina, pero la novedad está en que el restaurado es ese singular nazareno, crucificado por los romanos, amigo de leprosos y prostitutas, enemigo de la contingencia de la ley religiosa y civil, sanador de enfermos y reconciliador de pecadores atribulados. Ese. Ese y no otro. Es esa la vida que no se desvanece, la que la mano de Dios vuelve a alentar tras la muerte.
Tenemos entonces a un Dios parcial en su intervención histórica en favor de las víctimas, que le da la razón al modo de vivir de un único y singular hijo suyo al resucitarlo (un acto de amor, sin duda) y se la quita a los victimarios (un acto político de justicia, podría ser). Así, que el nazareno esté vivo, es buena noticia, y lo es de un modo realmente novedoso para las religiones del mundo que había hasta el momento en que semejante cosa fue testificada. Hacer el camino tras y con el nazareno es garantía de ir tras un amado de Dios… ¿Quién contra él? ¡Ni la muerte! esa certeza al caminar le ha dado una vida gozosa a los discípulos – testigos: esa gente de su grupo compartía, comía y bebía como si el fin de los tiempos fuese en su presente (el gozo del Ahora) y las luchas en que los metió el carpintero eran afrontables sin miedo. Que sobre semejante novedad se montara la cristiandad, que el amor no sea amado, es otro asunto, pero que esto que conmemora el triduo Pascual sea buena nueva, no lo pongo en duda.
Gracias a Fray Jorge Gómez por hacerme leer estas cosas de este modo…

 

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