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Archive for 22 julio 2012

“El que piensa pierde” (antiaforismo 1)

   

* El que piensa tiende a entender, y si lo pensado es un problema, tiende a encontrar una solución.  Cuando  en el dicho se dice “pierde”, parece haber una referencia a la oportunidad que se va, al momento inmediato que se desliza de entre los dedos como el agua antes de que se alcance a pensar algo; si una  decisión debe tomarse con prontitud, el pensar -que implica tiempo y trabajo- hace que el momento oportuno pase sin que llegue la decisión fruto del razonamiento racional.  Ante la decisión inmediata, pareciera  aplicarse que “el que piensa pierde”.  Pero esta oposición entre la acción inmediata, estratégica y el pensar que implica tiempo, es sólo apariencia.  La toma de decisiones es siempre fruto de un razonamiento.  Quizás haya algunas acciones que no parezcan fruto de decisión, es decir, que la inmediatez entre el planteamiento del problema y la acción es tal, que aparentemente no hubo razonamiento.  Pero no hay tal.  Éste ha tomado la forma de “reacción”, de “respuesta intuitiva”, de “corazonada”. En todo caso, la acción responde  al sentido habitual que la situación problema habría adquirido para el sujeto de significación en su experiencia previa. Esta forma de significar en la toma de decisiones, esta semiosis puede tornarse perspectiva del sujeto, lo cual automatiza sus re-acciones, sus decisiones, pero son semiosis abreviadas, significaciones en cualquier caso.  Pero la significación siempre da espacio a la duda: ¿el sentido habitual es el sentido adecuado para responder a la situación que se ofrece al trabajo del pensar? Si la inmediatez obliga a que esta duda se plantee, entonces sí hay pérdida.  Prefiero perder una oportunidad a perder la posibilidad de dudar del sentido.

¡Ve! ¿Y qué?

“¿Ve! ¿y qué?”

Esta es una expresión que he escuchado mucho en el Valle del Cauca, pero parece ser que está ya en otros lares.  La he escuchado en Bogotá, como si se hubiese propagado de boca en boca (y de ojo en ojo, pues algo de la visión implica la expresión) y podría volverse en un colombianismo si en la televisión se usara más… pero no exageremos, es un regionalismo aún.

La forma de pregunta que asume la expresión no es una pregunta que espere ser respondida. Tampoco es una objeción, en el sentido de que no argumenta nada contra lo dicho/hecho por el otro, ni espera un argumento de su parte que fundamente mejor aquello ante lo que se está reaccionando; no es, pues, una interpelación,  es una clásica  interjección. Pero, ¿qué sentido expresa entonces? ¿Qué perspectiva emotiva de quien la enuncia pretende ponerse en evidencia?

Hay expresiones de función fática que tienen una forma semejante en el habla regional: “¡vé! ¿y qué mas?” ; con ella aparentemente se esperaría que el interlocutor diga algo nuevo, que aporte un tema a la comunicación, pero no necesariamente:  simplemente puede expresar que el enunciador está dispuesto a continuar con la conversación, que se está receptivo para la voluntad de comunicación del otro, que se valorará lo que éste diga.  La expresión que me ocupa tiene  un aire de familia con esta última, pero gira su sentido en la dirección contraria;  quizás  sea  su negación.

Parece usarse para rechazar lo dicho/hecho por el otro, juzgarlo como una locura, algo impensable o inaceptable.  Aunque haya una forma interrogativa “¿qué?”, no existe un algo que le dé contenido satisfactorio a la pregunta;  ese “¿qué?” es incontestable.  La interjección expresa la imposibilidad de aceptar algún argumento a favor de lo que se dijo/hizo.  En ese sentido es contraria al “¡vé! ¿y qué mas?”, pues cierra la posibilidad del diálogo que, de continuar en la línea de aquello que causó la reacción, sería irracional para el enunciador de la interjección.