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Archive for 28 julio 2011

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nueva respuesta a la pregunta por el lenguaje y el entorno

¿Tiene el lenguaje como condición, no solo implicar, sino poner como un otro distinto de él mismo la realidad de la que habla?

Había  que  retomar la pregunta en su original formulación, pues, de tanto darle rodeos a delimitar el campo semántico en que nos moveríamos, pues se me olvidaba el detonante del asunto.

Hay varias cosas  en la pregunta que, ahora, me llaman la atención.  Antes no lo hacían.  Debe ser por eso de que  la interpretación es un asunto de la perspectiva del sujeto de significación, y como el sujeto  deviene, cambia o se trans-forma con el tiempo, por eso ahora leo otras cosas; y esto último tiene que ver, precisamente, con lo que veo en la pregunta.

La pregunta indaga por una condición (un condicional) del lenguaje: voy a parafrasear el asunto para  manejarlo en mis términos:  parece que la pregunta es acerca de  la necesidad de que haya “alteridad” en aquello de lo que el lenguaje puede hablar, pero que tal condición de “alter”, sea dada por contraste con lo que el lenguaje es en sí.    Se cuestiona si es una condición necesaria que el lenguaje “ponga” como un “otro” aquello de lo que habla para que el lenguaje se distinga de aquello dis-puesto como otro, es decir, para de-finirse a sí mismo.  La pregunta plantea que ese dis-poner “lo otro” es una implicación, pero, además, una necesidad del lenguaje para que sea lenguaje.  Como  se habla de implicación, es decir, de una relación de antecedente – consecuente, de causalidad virtual quizás, pero de antecedente – consecuente en todo caso, y, además, se sugiere que esa implicación podría  ser necesaria, pareciera estarse sugiriendo una descripción que de-fine al lenguaje: una equivalencia.  Raro.  Me parece raro que se esté buscando una de-finición para el lenguaje, una tautología descriptiva en la que se tiene el concepto “lenguaje”, por un lado de la ecuación, vacío en principio, esperando llenarse de contenido por las referencias semánticas que haya en el otro lado de la ecuación.  Del lado derecho, llenando de contenido el concepto, está “la realidad” como implicación y como alteridad necesaria. ¿Y por qué me parece raro? Pues por que el método filosófico de hacer descripciones categóricas lleva a clausurar la reflexión.  A es descriptible como X + Y + Z.  Y no te he visto, en otros casos, proceder así.  Reitero, entonces, que hacer conciencia de mi perspectiva de comprensión de  a la pregunta es lo que me está haciendo ver cosas que no veía antes.

Lo que me surge ahora como cuestionamiento es: si la realidad es el “otro” del lenguaje, y  es “distinta” de éste, eso haría que el lenguaje tuviese que ser descrito en términos diversos a los que servirían para dar cuenta de la realidad. Esto me suena absurdo, pues ¿no es el lenguaje una realidad?  Si hemos deducido un absurdo de las premisas, esto me lleva a pensar que no es por el lado de la distinción entre la realidad como el otro del lenguaje y el lenguaje lo que nos permita describir mejor el asunto.  Vuelvo sobre la idea del continuum entre los sujetos y objetos de significación que se construyen en el proceso de la semiosis.  Mi hipótesis, más bien, es que, para la significación que posibilita el lenguaje, es funcional que lo real lo sea en tanto es significado, es decir, que en el proceso de la significación no haya distinción entre lo real y lo significado; de este modo, lo que no se significa, no existiría.   Así,  el fondo sobre el cual se de-fine lo significado en el lenguaje, no es lo real que está por fuera del lenguaje, sino la experiencia aún no vivida, es decir, lo no existente.  Una vez algo se nombra, se significa, pues cobra alguna existencia en el lenguaje y para alguien.  No quiere esto decir que, para la existencia, sea necesaria la significación: no. pero sí que todo lo significado es existente, en algún sentido, para un sujeto de significación.

Que el lenguaje sea creador de la realidad es algo en lo que han convergido la filosofía del lenguaje, las neurociencia y la psicología  o ¡qué sé yo! Me parece que es una moneda común afirmar esto y volver a discutirlo sería como llover sobre mojado. Lo que me parece interesante de la pregunta es que permite cuestionar acerca de la posibilidad de lo otro en el lenguaje, es decir, de significar lo radicalmente otro.  Si se está a la espera de una experiencia aún no dada, y esa expectativa se abre al devenir  como de darle un lugar el nicho que se ha formado con la experiencia previa,  entonces ¿Cómo cabría la experiencia in-esperada en el proceso de dar sentido si  éste lo que hace es a-guardar la experiencia en un lugar pre-visible?  Pensar la perspectiva de quien significa como moldeadora de la experiencia sería entender la significación como in-formación, es decir, como una interacción que le permite al sujeto tomar alguna de las formas posibles de sí.  Significar como informar es, ciertamente, una idea seductora.  Pero no parece ser la forma más adecuada de describir el modo en que significamos los seres humanos, pues el proceso de significar es el mismo que nos permite construirnos y devenir otros.  La significación de la experiencia no in-forma, sino que trans-forma, de modo que lo otro no es la realidad, sino el sí mismo que en ella deviene significándola.  De no ser así, el lenguaje en un ser humano sería previo a su experiencia, y todo parece indicar que no es así, que el lenguaje se forma en nosotros  gracias a la experiencia, y que no deja de trans-formarse.  Las lenguas cambian, ya esto no es latín ni lengua de Castilla.  Las perspectivas cambian, ya no entiendo tu pregunta como hace 6 meses. La historia en la que hemos discurrido nos ha venido construyendo, se ha hecho parte nuestra como miradas o como perspectiva, como lugares de enunciación y como lentes hermenéuticos, como roles social y como cuerpos en modelación.  Lo que se pone como un otro distinto de sí mismo no es la realidad de la que se habla, sino el que significa la experiencia.

¿Y qué es eso de la experiencia?