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Los límites de lo decible

(respuesta a : https://semiosiske.wordpress.com/2011/03/19/punto-de-partida-a-modo-de-pregunta-inaugural/)

La preocupación del positivismo lógico por construir un lenguaje sin ambigüedades, capaz de mostrar el mundo experienciable,  sería perfectamente consistente con la idea de lenguaje como sistema.  Aceptar que «los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo» (Tractatus: § 5.6) sería la expresión de ello.  Los límites de lo decible estarían en los límites del sistema del lenguaje, como si sus variaciones, sus “formas posibles”, aunque parezcan infinitas, se reconocen como generables por las combinaciones parametrizadas de elementos finitos, por tanto, aunque innumerables, no infinitas.  Los límites de lo pensable están en los límites del sistema para pensar, para dar sentido a la experiencia.
Pero esto vale para una comprensión rígida del lenguaje, para una comprensión del mismo como sistema o como instrumento de comunicación, y para la idea de que la esencia del hombre es su capacidad de moldeamiento de sí, de formar su perspectiva del mundo (subjetivación diríamos), capacidad que se torna en  proceso, pero dentro de los límites de las formas posibles de su competencia lingüística.  Lo experienciable en un perro está dado por los límites de su perruneidad, así como los límites del sentido que para un ser humano son posibles para su experiencia,  estarían en los límites del lenguaje que desarrolló.  Esta idea es seductora, ciertamente.

En ese sentido, no habría posibilidad de pensar, de dar sentido a lo que está por fuera del lenguaje.  Lo inefable es inexperienciable.  ¿En qué sentido lo in-imaginable lo in-decible podría ser imaginado (cobrar sentido) y ser dicho? ¿No entrañaría eso una contradicción?  Si indecible e inimaginable estaría por fuera del lenguaje, es decir, se afirmaría que hay un algo de lo que  no podríamos dar cuenta y que “no tiene sentido”.  Pero, repito, eso sería en una comprensión del lenguaje como sistema cerrado.

Creo, en cambio, que el proceso del lenguaje es capaz de romper sus propios límites.  Creo que el lenguaje es capaz de introducir elementos nuevos a su engranaje móvil.  De no ser así, seguiríamos pensando y experienciando como neanderthales… algo pasó en el sentido culturalmente moldeado que se seleccionó como competencia lingüística y que evolucionó en nuestra propia biología.  No se cómo, pero es claro que no somos los mismos en nuestra capacidad de generar sentidos con respecto a la capacidad de hacerlo que tenían nuestros ancestros.  Pero no hace falta hacer referencia a esos procesos de tan larga duración como los de la evolución de nuestra especie para sustentar que los límites de lo decible no son infranqueables.  Hay algo estructurante de nuestro lenguaje ordinario que nos muestra esa plasticidad del proceso: La función estética del lenguaje, como nos la mostró Jackobson, es la que abre esas fronteras permanentemente.  En el lenguaje no todo es “lo mismo”, es decir, no es que la sintaxis de elementos mínimos, de número cerrado, sea un dispositivo con algoritmos limitantes a la generación de un número “n” de sentidos posibles;  siempre es posible un sentido “n+1”. Es la función estética del lenguaje la que lo hace todo el tiempo.

El dolor, el amor, el temor, las emociones todas, incluso la memoria de los olores, pocas veces encuentran formas de decirse que logren dar cuenta a cabalidad de lo experienciado.  El aforismo de Wittgenstein de que «Hay, ciertamente, lo inexpresable. Se muestra, es lo místico» (Tractatus: § 6.522) quizás pueda interpretarse en el sentido de que hay un algo cuyo sentido es generable por el proceso del lenguaje como “n+1”, es decir, que estaba más allá de lo que aparentemente eran los límites de lo decible (el sentido “n”) y que termina siendo dicho por un decir místico, poético, artístico, estético.

Que enfrentemos esta incertidumbre frente a la enfermedad y ante la muerte, ante la capacidad de hombres y ciencia de salvarnos la vida, cambiárnosla o desahuciarnos,  es algo que está más allá de lo que yo podía haber experienciado y convertido en sentido hasta hoy.  Y aunque use signos raídos como los que uso al escribir esto, o use los abrazos, que ya también han sido tantas veces usados, sé que dicen algo que antes era inefable…  sin que logren aún cerrar el sentido de esta experiencia abierta.

Abrazo prequirúrgico,

KE

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