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punto de partida (a modo de pregunta inaugural)

¿Tiene el lenguaje como condición, no solo implicar, sino poner como un otro distinto de él mismo la realidad de la que habla?

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  1. marzo 19, 2011 en 5:20 pm

    Este es el inicio de un diálogo. Si se dice inicio, se silencia el valor de lo que hubo antes de este momento, pero no quiere decirse que se olvide; sin los precedentes, la pregunta que nos interesa abordar no hubiese emergido; las inquietudes que la suscitan son, en realidad, las que nos mueven a tomarla en serio y a que, si el camino se vuelve pesado, cobre sentido buscar respuestas.
    Quisiera evocar, entonces, los campos que se intersectan, y chocan, para que este diálogo inicie:
    Un movimiento telúrico de base, para mí, es el problema de si lo que produce el lenguaje es realidad, y qué clase de realidad es frente a la del mundo. Si el lenguaje, como proceso que convierte la experiencia en sentido, por el hecho de mediar (¿e qué sentido proceso no implica mediacion?) impone una distancia entre el sujeto y el mundo. ¿Qué digo? ¿Distancia entre quién y qué? ¿Entre el sujeto de significación y el mundo que está por fuera del lenguaje? ¿No supondría esto que ya el sujeto y el mundo pre-existirían a esa relación que se opera en el proceso del lenguaje? Creo que esto es insostenible, y un mal entendido que hay que dilucidar antes de abordar la pregunta ¿No hay que reconocer que el sujeto se produce precisamente por esas relaciones y mediaciones? Y si es el sujeto el que se produce, ¿cuál es la realidad que produce el lenguaje? ¿Al sujeto o al mundo? ¿Produce una tercera cosa? En otro lugar mantuve la distinción analítica entre mundo y significado. Mundo sería lo que describí mejor como “lo que está por fuera del lenguaje”, pero esta distinción es precisamente la que quisiera llegar a dilucidar mejor en este diálogo. Es esta la arista de la pregunta planteada que más me inquieta, pues pone en entredicho viejas seguridades.
    Hay otro sismo que hace saltar esta pregunta. El problema del poder y del lenguaje, el asunto de que lo dicho y el decir (a lo que quizás estás llamando “hablar”), en su dimensión productiva de relaciones entre sujetos y entre sujetos y mundo, impone, ejerce dominio, niega la mundeidad del mundo para reemplazarla por la significación de la experiencia del mundo. Si esto no es ejercicio de poder, no entiendo qué podría serlo en el campo del lenguaje.
    Así pues, qué clase de realidad produce el lenguaje y cómo funciona el poder en esta producción, están en la emergencia de la pregunta.
    ¿Qué te mueve a abordar la pregunta?

  2. marzo 20, 2011 en 8:56 am

    Desde el instante en que las circunferencias giran, desde el momento en que el contorno se dobla sobre sí, desde que el lenguaje se produce-repite a sí mismo, su mismidad ampara secretamente una imperceptible diferencia. Mínima pero que nos cede una salida eficaz, discreta (en sus varias acepciones) de la clausura misma del lenguaje sobre sí. Se trata de redoblar, desdoblar y desplazar: hablare entonces de estos movimientos de sí sobre sí. El problema siempre será el otro problema, el problema del otro: ¿En la repetición de lo mismo cómo surge la diferencia? Al redoblar el encierro del lenguaje, se le desdobla. Siguiendo los mismos pasos, trazando las mismas líneas, deslizándonos por el mismo bucle, encontramos esta salida fuera de lo idéntico en lo mismo, que no se siente, que no se piensa, que apenas está ahí como una leve falta ortográfica. Volver al lenguaje es al mismo tiempo, abandonar el lenguaje. Es introducir en él un espacio inexistente lejos de toda neutralidad, es introducir un suspenso en sus intervalos. En otra parte se ha llamado a esto “quizá”. Volver al lenguaje, bajo el cuestionamiento que acá nos reúne, no es en ningún modo re-tomar el lenguaje. Preguntar por el lenguaje no permite apropiárnoslo, pues el lenguaje que interroga por su lenguaje, en su propio lenguaje, se encuentra ex-centrado. Su origen ya no está en sí mismo. Habría que demoler la idea de la inscripción del lenguaje en un sistema, la idea de su ser-inscrito que lo pone como un lugar y una función. Desvelar las pasiones secretas por los orígenes de las cosas, cuando el origen del lenguaje, y si se quiere su originalidad (en los varios sentidos en que puede entenderse) está desplazado, sobrepasado, repetido y diferenciado, es inútil.

    Leve falta ortográfica la de la repetición que se atreve a sembrar lo otro en el corazón de lo mismo para hacerlo estallar en mil pedazos. Leve falta ortográfica que casi inaugura una gramática propia, pero que no lo hace porque se rehúsa a sistematizarse. Cuasi-gramática de la repetición que nos conduce a algo más aterrador: lenguaje es ya lenguaje (que proviene) de otro ¿Pero cómo? En esta cuasi-gramática, en esta repetición nunca nos hemos desplazado, nunca nos hemos salido del tema. Esta leve falta, inaudible e indeterminable, redobla y vuelve a pasar por los mismos puntos de la circunferencia ya descrita por el lenguaje en su encierro sobre sí, nada se ha salido de su cause. No obstante, todo sentido queda alterado (hecho otro) por este casi-no-movimiento. Vuelta a pasar la línea no es ya idéntica y exactamente la misma, vuelto a recorrer el bucle ya no se esta casi en el mismo centro. Mi esperanza es que en este desplazamiento, en el abandono del lenguaje, el lenguaje se deje pensar como tal.

  1. marzo 23, 2011 en 1:05 pm
  2. marzo 30, 2011 en 5:45 pm
  3. abril 12, 2011 en 5:15 pm

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