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El Carnaval del tigre y la máscara

(por Carlos Enrique Pérez y Julio Cabrales)

 

mascaras

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Hemos vivido unos meses invernales en los que, la batalla desigual entre las fuerzas de la naturaleza y las de humanidad, la sabemos perdida antes de entablarla.  Sabernos débiles frente al poder de lo indomable es una tragedia que no parece cosa de celebrar.  Pero en Rio de Oro, Cesar, la música y la comparsa, el disfraz y las máscaras de papel maché tienen el poder de exorcisar todos estos miedos.  Cuenta la leyenda que Petrona, una lavandera que retorcía y enjuagaba su ropa a la orilla del río,  fue sorprendida por un tigre salido de la selva. Capuyo, su perro compañero, se lanza en su defensa, hace retroceder al felino, alerta a los negros quienes finalmente lo persiguen  y acorralan en un árbol. Derrotado el tigre, su cabeza y su piel son exhibidas ante el pueblo como muestra del triunfo.

Cada 6 de enero, en Rio de Oro, la leyenda  cobra  vida, o la enmascara para poderla vivir.  Hombres pintados de hollín persiguen bailando a coloridos tigres enmascarados; otros danzan la riña con los perros; las lavanderas se lavan de sudor y se retuercen en comparsas que llenan las calles y culminan en el parque principal con la celebración del fin de los miedos.  El pueblo se hace uno en esta celebración. Familias, grupos culturales y de barrios elaboran durante noviembre y diciembre las máscaras de papel coloreado que luego les permiten ser otro, mimetizarse,  transformarse en los personajes  de esta lucha mítica entre cultura y naturaleza que sólo se resuelve cuando los hombres se hacen tigres, no para devorar, ni para ser sacrificados, sino para bailar salvajemente.

(Publicado originalmente  en ELTIEMPO edición de la región  Caribe. Enero 6 de 2011)

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  1. Miguel Á Picón Sz
    febrero 9, 2012 en 2:51 pm

    Quizá tarde he leido este artículo pero de igual manera lo he disfrutado y más con el sabor de revivirlo y comprender que esta tradición arribando a los 170 años entre nosotros continúa exaltando nuestro espíritu a través de su tamborina, carángano, raspa, tiple etc, instrumentos que hacen bailar a la mariana (Osa), al tigre con sus negros,lavandera y perros y toda una estela de enmascarados que cada 6 de enero abrazan el soledoso silencio de este Río de Oro del alma, mi terruño.
    Saludos a Julio y desde Río, un abrazo de amigo que espera verte bajo las fauces de un tigre o de un perro en nuestro festín folclórico, emblema de una identidad.
    Atte: Miguel Ángel Picón Sánchez.

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