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RAZA Y GÉNERO, O EL ARGUMENTO DE LA DOMINACIÓN POR DERECHO NATURAL

americo-america

Américo Vespucci y América. Grabado de Theodore Galle (1589)

alegoría de África. John Stafford, (1630)

alegoría de Europa. John Stafford, (1630)

alegoría de África. John Stafford, (1630)

1.             En las 3 imágenes alegóricas[1] que aquí se preproducen, hechas en Europa entre los siglos XVI y XVII, se simbolizan los continentes Americano y africano feminizados y erotizados.  Europa, en cambio, aunque femenina, es regia y casta.  América, invita a Vespuci desde su hamaca, en un gesto de receptividad gozosa, sometida voluntariamente;  él, varón, vestido con emblemas de conquistador y la espada al cinto, la contempla más en actitud de condescendencia, la ve inmersa en un mundo  salvaje, (los caníbales al fondo devoran postas humanas) del que será redimida.  África, semidesnuda igualmente, ceñida y portando un cetro, ofrece sus riquezas como bendiciones a quien la ha rescatado de los monstruos.  Europa, engalanada con finos ropajes y joyas, exhibe la “Biblia sacra” y signos de poder real; sus navíos, a sus espaldas, son enviados por el mundo entero a esparcir “la palabra de la verdad”.

2.             No es raro que las figuras alegóricas de naciones y territorios sean presentadas como femeninas, pero el contraste entre los continentes colonizados y saqueados por Europa con la imagen de ésta es evidente.  La lógica colonial se simboliza en una imagen de pasividad sexualizada en el subyugado, de modo que la relación con él pasa por  la legitimación de su dominio en virtud de tal naturaleza de sexo débil.  Los conceptos de  sexo y raza sufren una suerte de equiparamiento, en tanto que las relaciones de dominación construidas en ambos campos se justifican en virtud de que son los cuerpos, y no los actos o las representaciones sociales sociales, los que determinan los roles amo – sometido.  Y estos cuerpos pre-existirian a la construcción social.  Al decir de viveros “la diferencia racial se construye a través del género, el racismo divide la identidad y la experiencia de género y el género y la raza configuran la clase” (2009, 67)

3.             Ahora bien, en la representación social de nuestra sociedad mestiza, tanto para la feminidad como para la masculinidad afro, pareciera haber una hiperbolización de su sexualidad;  pareciera tener que ver con esta asociación que en la alegoría se hace entre el mundo afro con lo “salvaje”, opuesto a la civilidad y la cultura.  El “exceso”, es decir, la omisión de la regla cultural que reprime, es permitido en tal lugar cultural, más bien, en los cuerpos negros que portan tales culturas, ubicadas en la orilla,  en el extremo colonizado del sistema-mundo occidental.  Pero se trata de una sexualización permitida que no implica la licencia a la creación de familias interraciales “Es preciso señalar sin embargo, como lo hacen algunos trabajos, que esta representación privilegia cierto tipo de mezclas como el de las mujeres negras e indígenas con los hombres blancos y desaconseja la de los hombres pertenecientes a grupos subalternos con las mujeres blancas (Viveros, 2004; 70).   En esta marcación hipersexual del afro, las negras son “calientes” y  seductoras; el arquetipo de “la mulata” que seduce con sus encantos, marginal y peligrosa, que embruja a los hombres con su “tongoneo”, está tanto en el caribe cubano como en Colombia y Brasil y se canta en tantas canciones y obras literarias como se quiera[2].  El turismo sexual en estas geografías quizás se nutra de esos imaginarios.  Los  varones negros, por su parte, son representados como depredadores sexuales.  El imaginario expresado en el símbolo de sus enormes penes, o de cuerpos musculosos y marcados, siempre dispuestos y al acecho, también los ubica en la franja seductora del peligro que se encuentra en las orillas de la civilidad;  allí, los excesos para la sexualidad de los cuerpos negros masculinos se permite y espera.  Esta masculinidad exacerbada es la que hace más difícil la representación de hombres negros homosexuales pasivos, como bien lo recoge Urrea (Urrea et. Alt, 2008).  No se espera de ellos que vivan así su sexualidad, si fuesen homosexuales, habrían de ser activos, en concordancia con la representación de la virilidad del negro que antes se mencionó; esto se constituye para estos hombres en una carga simbólica que los marca como doblemente aberrados y sufren de segregación y devaluación social, tanto en el interior de grupos afro, como en la sociedad mestiza y en la misma “comunidad gay”.

4.             Pero la construcción de las sexualidades en los grupos marcados como subalternos en el mundo colonial y esclavista no sólo han  estado  marcadas  por estas representaciones. Davis (2004), retomando a Gutman, muestra cómo durante el esclavismo norteamericano, hombres y mujeres negros mantenían una relativa equidad intra-racial, eran “compañeros” en la condición de sujeción. Ese equilibrio sería roto con la prohibición del comercio esclavista transatlántico por el cual la mujer negra tomaría valor en el sistema esclavista en tanto vientre, fuente de mano de obra esclava, menos que mano de obra en si misma; esto la relegaría al mundo de lo doméstico, lo privado y haría que sobre el varón negro recayera la esfera de lo público, el trabajo productivo.  Es decir, sobre las relaciones de género afroamericanas se reproducirían las propias de las oposiciones de género del mundo cristiano europeo.  Los esquemas de poder, aquí, se superpondrían unos a otros:  el “derecho natural” de dominio de un género sobre el otro, el de una raza sobre otra, y el de una clase sobre otra, no como sumatoria, sino como interseccionalidad. “Es en este proceso de homogeneización y sistematización del discurso sobre la opresión de la mujer en el tercer mundo donde se ejerce poder en gran parte del discurso feminista reciente, y este poder requiere ser definido y nombrado”. (Tapalde, 2008; 116).

5.             De allí que se caiga  fácilmente en la necesidad de que las luchas feministas tengan que asumir múltiples dimensiones de la emancipación:  contra el determinismo que construye sobre sus cuerpos una dominación legitimada en su biología, contra un esquema dualista de géneros, contra el control (el ejercicio de un biopoder) el uso de los cuerpos femeninos para la sexualidad y la reproducción, contra la explotación de clase y contra la devaluación de las culturas “minoritarias”.

 

Referencias:

‪Davis, Angela.(2004) “El legado de la esclavitud: modelos para una nueva feminidad” y “Racismo, control de la natalidad y derechos reproductivos”, en Angela Y. Davis, Mujeres, raza y clase, Madrid: Akal, pp. 11-37 y 203-219.‬

Talpade Mohanty, Chandra. (2008) “De vuelta a ‘Bajo los ojos de Occidente’: la solidaridad feminista a través de las luchas anticapitalistas”, en Liliana Suárez Navas y Rosalía Aída Hernandez (eds.). Descolonizando el feminismo. Teorías y prácticas desde los márgenes, Madrid: Ediciones Cátedra, Universitat de Valencia, Instituto de la mujer, 2008, pp. 407-463

Urrea, Fernando, José Ignacio Reyes y Waldor Botero. (2008). “Tensiones en la construcción de identidades de hombres negros homosexuales en Cali”. En Raza, etnicidad y sexualidades. Ciudadanía y multiculturalismo en América Latina, eds. Peter Wade, Fernando Urrea Giraldo y Mara Viveros Vigoya, 279-316. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia – Centro de Estudios Sociales (CES).

Viveros Vigoya, Mara (2009) La sexualización de la raza y la racialización de la sexualidad en el contexto latinoamericano actual. En: Revista latinoamericana de estudios de familia, Vol. 1, enero – diciembre 2009, pp 63-82.


[1] La imagen 1 Américo Vespucci y América. Grabado de Theodore Galle (1589).  Disponible en : http://www.sip.uiuc.edu/people/melendez/span442/SPA442-images/ImagesofAmerica/America-Vespucci4.gif

Imágenes 2 y 3 del editor  John Stafford, (1630) conservadas en el museo británico. disponibles en : http://www.britishmuseum.org.

[2] Baste nombrar “la negra tiene tumbao” de Celia Cruz, o “Gabriela clavo y canela de Jorge Amado.

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