Inicio > antropología, filosofia > ¿PENSAR EL GÉNERO FUERA DEL GÉNERO?

¿PENSAR EL GÉNERO FUERA DEL GÉNERO?

1.             Los indicadores para señar que, desde el último tercio del siglo XX, el modelo patriarcal ha entrado en crisis, parecen irrefutables: Castells (1999,  cap. 4) da cuenta de ello al describir 1) la inserción de la mujer en el mundo del trabajo, 2) el desarrollo tecnológico, médico y legal que hace posible la reproducción humana por fuera de los límites de la familia patriarcal, 3) la creciente proporción de familias uniparentales, 4) el fortalecimiento de los movimientos feministas y de grupos LGBT, sus conquistas legales y la creación de “culturas” alternativas en torno a formas diversas de vivir la sexualidad, y 4) la construcción dinámica de identidades sociales de género al margen de regimenes sexistas que ha permitido la globalización.  Sin embargo, tal crisis no podría leerse como la verificación de un cambio de paradigma.  Que el modelo patriarcal haya sido reemplazado por otro, quizás nombrable como “de equidad de género”, está lejos de poder afirmarse.  La permanencia misma de los movimientos de género, feministas y de otra índole, expresa que los sectores sociales que se aglutinan como sujetos políticos en torno a estos referentes de identidad, aun deben trabajar por que su modelo de inclusión equitativa, de valoración de la diferencia, se concrete en representaciones y tendencias sociales, más que sólo en conquistas jurídicas (muchas de las cuales aún tampoco llegan).  Si los discursos reivindicativos son necesarios, quiere decir que las conquistas aún no están consolidadas. Que la dominación masculina siga ejerciéndose como una legitimación arbitraria para la reproducción del poder, es evidente en que la homofobia sigue cobrando víctimas y que la violencia intrafamiliar siga sacrificando mayoritariamente a mujeres y niños.  Los salarios inequitativos, diferenciados por el marcador de género, también expresan que la inserción de la mujer en el mundo laboral aún está bajo la marcación jerarquizante de la dominación masculina, y que ello ha sido aprovechado por el capitalismo en su afán por optimizar la rentabilidad. Por otra parte, que sean pocos los Estados que hayan reconocido los derechos legales de las parejas del mismo sexo, o se mantengan restricciones a la procreación por fuera de la familia heterosexual,  que el aborto sea tipificado como homicidio en la mayoría de los casos, también es evidencia de que las lógicas patriarcales para la reproducción del orden social, siguen siendo dominantes.

2.             En este sentido, plantearse una reflexión acerca de las identidades de género por fuera del régimen patriarcal, aún no cabe.  Aún no hay un pensar el problema de los procesos de identificación de género por fuera de los dispositivos para la reproducción del régimen patriarcal.  No hay un post-patriarcado desde el cual se puedan pensar las identidades de género y, por tanto, cualquier decir acerca de ello está atravesado por los conflictos de poder que se median en la identificación sexual y de género del régimen patriarcal, de los cuales todos somos actores, a pesar de que se hayan venido construyendo formas alternativas al patriarcado.   Sería como decir que es posible pensar los sistemas mundo por fuera del sistema del capitalismo global. ¿Hay un sistema mundo post-capitalista? ¿No implica esto, entonces, que un pensar los sistemas mundo pasa por tomar postura frente al capitalismo?  En el mismo sentido, pensar en los procesos de identificación de género pasa por tomar postura frente al sistema patriarcal.

3.             Es más, pensar en cualquier identidad social en contextos en los que aquellas construcciones son usadas para legitimar la dominación política, no puede sino pasar por la crítica a tal instrumentalización del concepto, y tal crítica ha de tomar postura en medio del conflicto.   Quizás  esa sea la razón por la cual el estudio acerca de aquellos procesos sociales en los que la identidad de género es un aglutinante fundamental, haya sido realizado, principalmente, por activistas de movimientos sociales de género.   Es imposible no tener en cuenta que los discursos sociológicos acerca de estos hechos sociales son gestionados por sujetos con intereses políticos en tales hechos.  Ello no quiere decir que se invaliden por ser “poco positivos”, o por ser “expresión de subjetividades”, se trata de un problema metodológico especialmente notorio en los estudios de género:  todo sujeto tiene una identidad dinámica, construida en procesos de identificación, y si su objeto de estudio es la identidad y la identificación, la reflexividad no es opcional. Quien dice algo acerca de la identidad, debe decirlo siendo consciente del lugar de identificación desde el cual habla, y el papel que asume frente a los conflictos de poder mediados por los procesos de identificación.  Un discurso acerca de la identidad es un discurso que afirma o deconstruye la propia identidad de quien lo habla.

4.              El problema es especialmente complejo cuando se habla de identidades e identificación de género.  Tomar distancias para pensar el género, mirar el asunto desde fuera de la identidad de género, tiene quizás más escollos que los que debe sortear quien estudia las identidades étnicas, de clase, políticas o nacionales, y no por que estas últimas sean menos complejas, o porque sea posible separar el género de la multiplicidad de identidades que atraviesan la acción social.  Como se ha dicho, no se puede decir algo acerca de la identidad desde fuera de alguna.  Más bien, el problema se acrecienta por cuanto los discursos acerca de las identidades de género suelen “naturalizarse” más que los  discursos acerca de las demás identidades.  La idea de que el género es la significación cultural del sexo presenta los dos conceptos como correlatos necesarios, y deja de lado la posibilidad de pensar que, tanto la sexualidad como la identidad de género, el sexo como el género, son construcciones interactivas entre las variables biológica, psicológica y cultural de la humanidad.  Tal naturalización hace más fuerte la frontera del lenguaje que impide pensarse por fuera de la identidad sexual y de género.   Quizás sea más fácil representarse desde fuera de la identidad étnica que de la identidad de género; el determinismo biológico en la identificación de un grupo con un modo de ser cultura parece ser más refutable que el determinismo biológico en la identificación de género.   Las variables contingentes, relativas a las particularidades de las culturas, suelen ser más invisibilizadas cuando se explica la identificación de género.  Y esto nos lleva a la trampa del esencialismo.

5.             Un elemento fundamental en la crítica que comparten West & Fenstermaker (2010), Scott (1996) y Viveros, acerca de los modos en que se han pensado los procesos de identificación de género, es el recurso al esencialismo, tanto del lado de quienes usan las categorías de género para la opresión como de quienes la usan para su emancipación.  Esta mirada impone un límite infranqueable para pensar la identidad:  impide comprender el proceso social de las identificaciones como una dinámica de múltiples vertientes, abierta y dinámica.   Oculta que las identidades son el condensado de tales procesos, que tienen un carácter histórico y relativo, contingente y maleable.  No se puede tener por separado las identificaciones de género, étnica, de clase, de pertenencia a un partido política, a un equipo de fútbol, etc. sino que con construcciones multidireccionales.  El esencialismo, por el contrario, funciona  como unidireccionalidad reduccionista en el discurso y en la acción social, falsea la comprensión de su complejidad al presentar la identidad como un hecho dado, ya sea por que se ve como “natural”, o como opción construida socialmente.  El sí mismo construido sin la referencia al otro, sin el reconocimiento del correlato que mutuamente los configura, no permite reconocer la identificación como el proceso  conflictivo que genera la identidad, y propone a ésta como un principio fundante.  La única manera de hablar de la identidad por fuera de la identidad, del género por fuera de la identidad de género, sería pensarla desde los procesos dinámicos que las configuran, y no en los resultados de los mismos como si fueran entidades acabados, naturales, inobjetables.

Referencias:

Castells, M. (1999). La era de la información economía, sociedad y cultura: El poder de la identidad. Siglo XXI.

Scott, Joan, (1996) “El género, una categoría útil para el análisis histórico”, en Marta Lamas (comp.), El género. La construcción cultural de la diferencia sexual, México, PUEG/Porrúa, pp. 265-303.

West, Candace & Fenstermaker, Sarah. (2010) “Haciendo la diferencia”, en Estudiar el racismo. Textos y herramientas, Cuaderno de trabajo AFRODESC/EUESCL No. 8,  Mexico

Anuncios
Categorías:antropología, filosofia
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: