Archivo

Archive for 14 abril 2010

formación de “competencias comunicativas” o legitimación de los marcadores sociales en la lengua

La formación de habilidades comunicativas es un fenómeno multifactorial.  Por una parte, están las competencias lingüísticas del hablante – oyente ideal, por otra, los sistemas lingüísticos de su entorno que éste interioriza, pero que le son impuestos por fuerzas sociales.   Lo primero es un asunto netamente lingüístico y psicológico, lo otro es del campo de la antropología de la comunicación.  Que se conjuguen estas y otras dimensiones en la formación de la competencia lingüística y comunicativa de cada persona en particular, no quiere decir que no pueda abordarse como un hecho social.  De hecho, la institucionalidad de las lenguas, la existencia de formas del habla marcadas como legítimas y otras devaluadas frente a aquellas, muestra en nuestros entornos sociales que los diferentes  desarrollos del lenguaje constituyen marcadores social para la inclusión o la exclusión de los espacios de poder.  En el caso del espacio académico, existen una serie de estrictos mecanismos de control social al uso del lenguaje, una regulación externa a la generación de sentido de cada miembro de la comunidad que se le impone como el modo prestigioso de construir, no solo sus enunciados lingüísticos, sino sentidos socialmente aceptables para la experiencia compartida.  No interiorizar estas formas “de modo natural”, como “la lengua por defecto” para construir sus discursos, excluye de la posibilidad de escalar posiciones en esta comunidad.  De este modo, “el decir” tiene un valor semántico y pragmático que se suma al sentido de “lo dicho” de una manera determinante.  Lo que cuenta como valor de un enunciado, especialmente en la academia, no es el contenido semántico de “lo dicho”, sino ello más “el modo de decirlo”.

En este sentido, la casi totalidad de las instituciones de Educación Superior han establecido en los primeros semestres de pregrado una serie de cursos, talleres, asignaturas o prácticas pedagógicas en orden a que, los aspirantes a una formación profesional, desarrollen su competencia y actuación lingüísticas desde el modelo prestigioso del decir legitimado.  Es un proceso de aprendizaje de la “lengua académica” o de las “formas prestigiosas” de hablar, leer y escribir que se imponen al sujeto.  Se podría decir que se trata del desarrollo de un segundo dialecto de su lengua nativa; el dialecto de los intelectuales que legitiman por su uso el poder simbólico que detentan

La formación de “competencias comunicativas”, por tanto, se ha constituido en un campo de disputa para la reproducción de la legitimidad lingüística del poder y para dirigir el cambio lingüístico de las comunidades en la dirección que éstas élites prevén para mantener la distinción “culto – inculto”.  Una aproximación sociológica a estos procesos, permite cuestionar el modo en que se configuran las formas canónicas para juzgar si alguien es “competente” comunicativamente, o no lo es. Una aproximación lingüística permitirá caracterizar los marcadores que usa tal distinción entre el decir legítimo (el del hablante “competente”) y el decir ilegítimo (el del hablante “incompetente”).  Una aproximación pedagógica permitirá identificar los dispositivos que socialmente se activan para desarrollar formas de decir particulares.