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Archive for 29 enero 2009

DUBUNABI VISITA EL MUNDO DE LOS RAYOS

En el proceso de producción de sentido, un signo no sólo ha de lograr la formación de la  imagen de un estado de cosas (existencial o dinámico) sino que ésta ha de adquirir sentido para el sujeto en el marco de un particular mundo posible, o en un mundo semántico de referencia. Si esto es así, las cosas referidas por los signos en esos mundos no necesariamente son las mismas, es decir, las realidades con las que lidiamos en esos mundos, y el modo de hacerlo, son diversos.  La continuidad entre el sentido y la referencia de esos mundos diversos   no tiene  que ver entonces con las condiciones objetivas de aquellas  cosas  que son referidas por el signo, sino por la manera en que consistentemente el mismo sujeto se relacione con ellas, y las relacione entre sí, por medio del mismo signo. De allí que las reflexiones de Putnam en su “the meaning of meaning” me parezcan casi inútiles, un complejo mal entendido como diría Wittgenstein.

Presento la reescritura de un fragmento del mito Wiwa que fue hecha a partir de la versión narrada por el antropólogo Alexander Rodríguez Contreras, y confrontada con la del Mamo Ramón Gil (hijo) en el poblado Wiwa de Kemakumake entre los días 1 y 2 de octubre de 2008.  En ella quisiera ilustrar narrativamente lo que significa esta comprensión de “mundo semántico de referencia”.  Queda pendiente una exégesis más profunda de esta “semiótica wiwa“, pero con esto va un adelanto.

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Dubunabi, el primer hombre que creó Serankua, era astuto y curioso. Un día decidió ir a conocer el mundo de los rayos, así que se encontró con un relámpago y le pidió que lo llevara a su casa. Éste accedió, así que Dubunabi, se transformó en relámpago y se fue con él al mundo de los rayos. Estando allá fue invitado a mambear * coca y poporiar** en la unguma+. Después de hablar y mambear, Dubunabi sintió deseos de defecar, así que pidió permiso y preguntó por un lugar adecuado para hacerlo. Los rayos le indicaron y hacia allá se dirigió. Cuando estuvo allí, después de haber defecado, se sintió atraído por el brillo de unas piedras de cuarzo que estaban dispersas por el lugar; las recogió y las guardó en su mochila. Al regresar a la unguma, los rayos se miraban entre sí y decían: “alguien ha pisado mierda, huele a mierda, revísense los pies para saber quién es”. Cuando comprobaron que ninguno de ellos había sido, le dijeron a Dubunabi: “confiesa”. Éste les contó que había ido a defecar, que también sus pies estaban limpios, pero que lo único diferente que había hecho era recoger las piedras de cuarzo; sacándolas de la mochila se las enseñó. “Esas no son piedras de cuarzo, esa es la mierda de nosotros”, dijeron los rayos; así que le ordenaron devolverlas al lugar de donde las había recogido. Un poco más tarde, uno de los rayos también sintió ganas de defecar. Estando en ello, encontró una gran cantidad de ambira++ (concentrado líquido de tabaco de uso ritual) lo recogió y volvió contento a la unguma. Ya en la casa, les mostró su hallazgo a los demás rayos. Para celebrarlo, todos untaron sus dedos en la ambira y se la llevaron a la boca con gran deleite. Dubunabi, asombrado, reparó: “eso no es ambira, eso es mi mierda”

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*mambear:  Es un acto ritual de mascar la coca con la  cal para extraer de ella el alcaloide. Durante el acto no sólo se tiene un efecto neuro-estimulante, sino que se suscita la reflexión, el pensamiento, la meditación y se amortigua el cansancio.
**popopiar: Es un acto ritual por medio del cual se saca del poporo cal en polvo para mezclarla con la hoja de coca en la boca y formar una masa de cal sobre el mismo poporo gracias a la mezcla entre ella y la saliva. Con ello, los wiwa  simbolizan el acto de pensar, de “tejer pensamientos”, que acompaña el mambeo.
+ unguma: Casa ritual de los varones en donde se mambea colectivamente y se debaten y disciernen temas de interés común. Es también lugar de consejo de los mamos.
++ ambil: concentrado de tabaco líquido o de consistencia espesa que se usa para efectos rituales semejantes a los que tiene el mambeo.

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Sobre la claridad (2)

Cuando se piensa en que un signo es claro, podría venirse a la mente como su opuesto la idea de un signo oscuro. Se trataría de una oposición excluyente por la cual lo no-claro se identificaría con lo oscuro.  Es un cuadro de oposiciones semióticas fácilmente imaginable.  Sin embargo, no podemos identificar tan a la ligera la no-claridad con la oscuridad de un signo,  no necesariamente  son   ideas del todo equivalentes:  que algo sea no-claro no quiere decir que sea oscuro al mismo tiempo.  Suponga que alguien X no ha tomado aún una decisión acerca de si debe o no casarse con Y.  Esto no implica necesariamente que no haya hecho claridad acerca de lo que significa el matrimonio, o que  no sea capaz de hacerse una hipótesis  acerca de lo que podría ser su vida matrimonial con Y. Los signos que está considerando pueden serle claros, es decir, X podría saber cómo comportarse frente a los referentes de Y y hacerse una imagen, con algún sentido consistente, de las connotaciones posibles de la función (Matrimonio (X,Y)) .  Pero como no ha tomado aún una decisión práctica, eso hace del asunto algo aún no plenamente claro.  ¿Querría decir que se trata de algo oscuro? Parece ser que no.   Las imagenes del mundo que derivan de las hipótesis que se hace de situaciones futuras donde M(X,Y) es el caso, pueden estar presentes, pero la evaluación de la conveniencia de que esto sea o no el caso, aún no está tomada. La claridad está más ligada a la asignación de sentido práctico que a  que pueda o no pueda hacerse una imagen consistente del mundo semántico de referencia.  ¿Qué clase de signos (o ideas) son aquellos de los que se puede decir son oscuros? La oscuridad podría tener que ver con otra cosa:  Suponga que un signo le suscita un proceso semiótico que no puede llegar a ninguna imagen consistente del mundo semántico  de referencia o que, incluso, usted no puede determinar cuál es ese mundo dentro del cual el signo en cuestión tendría una operación sistemática o consistente.  Allí estaría mejor hablar de un signo oscuro.  Ante tal tipo de semiosis, la clarificación de una acción práctica no sería posible, a menos que se decida actuar “a tientas en la oscuridad”, pero sí podría llegar a serlo cuando un asunto aún no es claro.  Las paradojas y las tragedias, las inconsistencias lógicas y semánticas, estarían más cerca de la oscuridad que de la no claridad en tanto son irreductibles a una imagen del mundo frente a la cual asumir una postura práctica.  La oscuridad de una idea, o de un signo, no se resolvería con la toma de decisión; más bien: si la acción deviene de la consideración del significado y el sentido de un signo oscuro, éste no dejaría de serlo, aun cuando en algún sentido la acción sí sea clara.

Iconicidad (borrador)

La iconicidad (representada  como la función K) es una relación posible entre dos primeros que consiste en que estén en la capacidad (en posibilidad) de relacionarse indexalmente con un mismo tercero, ya sea que éste sea su antecedente causal, ya sea  como consecuente  de cada uno de esos dos primeros.

{◊[n → P] ∧ ◊[n → Q]} → ◊ [K(P, Q)]

{◊ [P → n] ∧ ◊[Q → n]} →◊ [K(P, Q)]
La función de la iconicidad, en el sistema semiótico en un sujeto de significación (SS), permite  que, si tanto ΣP como ΣQ son condición suficiente para que se presente Σn en el sujeto, la presencia de uno producirá efectos semejantes a los que puede producir la presencia del otro; por tanto, uno puede conmutarse por el otro en tanto son equivalentes para una cadena semiótica particular;  es por esto  que se describe aceleradamente la relación de iconicidad entre p y q como  de semejanza entre los signos, por la cual p transferiría  al interpretante la referencia de q en virtud  de esa semejanza y viceversa.  Una  descripción más detallada de lo que sucede es que el sistema semiótico del sujeto permite en él procesos semióticos conmutables, como queda dicho.  La semejanza no es una condición de las primeridades de P y Q, ni de sus signos p y q, sino un procesamiento que puede hacer el sistema semiótico acerca  de los perceptos que pueden  producir deductivamente en él ΣP y ΣQ.
{[SS (ΣP → Σn)] ∧ [SS (ΣQ → Σn)]} → [ SS  (K(ΣP, ΣQ))]
De esta manera, también es posible la iconicidad en el caso de que los perceptos de los cuales dos primeros son indexales, sean, a su vez, icónicos.
{[SS (ΣP → ΣA)] ∧ [SS (ΣQ → ΣB)] ∧(K(ΣA, ΣB))]}
→ ◊[ SS  (K(ΣP, ΣQ))]

Cuando se dice que algo es icono de otra cosa en virtud de sus semejanzas formales con ella, como en la definición de hipoicónico de Peirce (C.P. 2.3.274-277), se simplifica demasiado la descripción de la semiosis, pues no se clarifica qué es lo que las hace semejantes.  Que P y Q produzcan en el interpretador los perceptos ΣP y ΣQ y éste los juzgue icónicos, se logra en virtud de las semejantes formas de operar en el interpertador ΣP y ΣQ, no por las formas de interactuar entre P y Q por fuera del lenguaje.

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El absurdo del "sin – sentido"

•    Lo único  que no produce  sentido  es aquello  que no ha entrado  en un proceso  de semiosis. Un  sin-sentido  es un no-signo.
•    Decir entonces que algo “no tiene sentido”  querría decir que no hace parte de relación semiótica alguna, que no hace  parte de un proceso de semiosis. Pero si se hace un juicio de este tipo, ya ese algo sin sentido  entra a tener uno, y desaparece  su sin-sentido.
•    A lo que ordinariamente  se le llama “no tener  sentido” o “un sin-sentido” sería mejor describirlo como un sentido contradictorio, o bien, que su sentido no es coherente con el juego del lenguaje en el que se espera opere la semiosis en la que  está envuelto.
•    El  sentido no es algo así como un objeto simple que algo pueda  tener o no tener; más bien, el sentido  es el vector de un proceso de acción, la orientación de un sujeto en quien se produce la semiosis; esto no puede describirse como un elemento del evento semiótico, sino como la actuación de las propiedades relacionales de los elementos constitutivos del sujeto, solo cognoscibles por sus relaciones con otros objetos.
•    El  sentido  es un dinamismo.  Cuando  se  dice  que algo tiene dinamismo se dice porque  está en una relación cambiante con otros referentes, o bien  porque los elementos constitutivos  de un objeto dinámico están cambiando sus relaciones espacio-temporales, físicas o químicas en el interior del objeto mismo, transformándolo.  Decir  por ejemplo  “el agua tiene movimiento” es  decir que  está actuando en una relación dinámica con elementos  del exterior gracias a sus cualidades, que le dan una capacidad  para moverse; se dice además  que esas capacidades  están operando.  Decir que un reloj está en movimiento es decir que sus engranajes activados están cambiando sus relaciones para producir un estado interno diferente cada segundo.
•    De igual manera,  decir  que algo  tiene  sentido  quiere  decir  que está en un proceso de  transformación relacional  con  otro  algo.  En principio,  esa  transformación  puede  ser de las  relaciones espacio-temporales de objetos materiales; al menos  eso sugiere uno de los usos  de la expresión “tiene  tal sentido”, como “tiene tal dirección”.  Pero la relacionalidad semiótica puede ser de otros tipos.
•    Decir que un objeto en movimiento no tiene  sentido,  querría  decir  que la  trayectoria  de su movimiento es incierta, (aleatoria quizás)  o en todo caso que es indeterminable.  El objeto aquel tendría  un movimiento que  sería describible a posteriori;  pero si  un observador en tiempo  real no puede prever el espacio que ocupará el objeto en un tiempo posterior, el observador puede decir “el objeto P se mueve sin sentido”.
•    El sin-sentido  de un objeto en movimiento es un juicio del observador, fruto de su incapacidad de predecir el movimiento, no una cualidad del objeto en movimiento.  El objeto no carece de sentido en sí mismo, la carencia de sentido sucede en el observador que no procesa con certeza la percepción del objeto.
•    Para un observador, el movimiento de un objeto carecería de sentido certero si no es capaz  de prever el destino de su movimiento.  Aún, en la física cuántica, si el observador sólo puede proponer posibilidades para la ubicación de una partícula,  esto  ya es asignar un sentido al movimiento de la misma.
•    El principio de incertidumbre es ya la asignación de un sentido, no la consagración  del sin-sentido.
•    Decir algo sobre el sentido de un signo sería decir algo acerca del sujeto interpretador más que del  signo en sí mismo.
•    El sentido de un signo es la orientación dinámica que el sujeto interpretador, en quien se da la semiosis, asume  hacia el signo, hacia su entorno.