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¿Qué es un signo?

El signo: aliquid stat pro aliquo
¿Qué clase de cosa es un signo? ¿Cómo describir su naturaleza? No creo que se pueda decir que haya  cosas en el mundo que puedan no ser signos, en el sentido de que todo cuando es puede producir algún sentido en un sujeto de significación y así ser signo para él; pero no sólo por el hecho de ser, las cosas son signo, más bien habría que decir que todo cuanto es puede ser signi-ficado, esto es, constituirse en signo para alguien.
Cualquier comprensión del signo habrá de considerar las mediaciones que por él se operan, pues algo es signo sólo en tanto medie una relación para alguien, no por una condición que le sea inherente; algo no es signo por sí mismo. Si lo que hace de algo signo es que medie una relación, ésta no puede sino describirse considerando tres elementos, al menos.  Esto también quiere decir que el proceso de la operación sígnica (la semiosis) es el verderamente importante; una ontología del signo sería esteril, no así una fenomenología de la semiosis.  Peirce entendía que, más que el signo, el centro de interés es el proceso semiótico,   al definir a aquel en términos de su relacionalidad y a ésta como necesariamente triádica:  “A sign, or representamen, is something which stands to somebody for something in some respect or capacity” (un signo o representamen es algo que está para alguien por algo, en algún aspecto o capacidad) (C.P. 2.228 de 1897).  En C.P. 3.541, de 1903, reafirmaba la irreductibilidad de este carácter triádico de la semiosis:  “A REPRESENTAMEN is a subject of a triadic relation TO a second, called its OBJECT, FOR a third, called its INTERPRETANT, this triadic relation being such that the REPRESENTAMEN determines its interpretant to stand in the same triadic relation to the same object for some interpretant” (Un REPRESENTAMEN es un sujeto en una relación triádica CON un Segundo, llamado su OBJETO para un tercero llamado su INTERPRETANTE, esta relación triádica es tal que el REPRESENTAMEN determina que su interpretante permanezca en la misma relación triádica para el mismo objeto de algún interpretante).   Si esto es así, la semiosis  es un proceso cognitivo que necesita al sujeto de significación, no sólo como ese “alguien” para quien la relación triádica se da y sin el cual la relación entre el objeto y el representamen no produce significación, sino como “el donde” o “el locus” (Oviedo) en que se da este proceso.  ¿Qué  querría decir  que la relación entre objeto y representamen fuese signi-ficat-iva sin la consideración del papel de ese tercero? Sería, evidentemente, un absurdo.
Vale la pena decir que la consideración triádica de la operación del signo no es original de Peirce: En los estóicos puede encontrarse una concepción semejante al reconocer tres vértices en relación:  lo que significa o significante (semáinon), el significado, “lo dicho” (semainómenon) y lo que existe, es decir, el objeto (tijanon) (Sexto Empírico, 1967, VIII, ll-l2 citado por Castañares: 2002, 20).  La descripción que hace Agustin de Hipona (De dialectica) de la operación del signo, incluye como vértices de la relación a cuatro componentes a saber: verbum (como voz propia de la lengua, o del sistema de signos convencional), dicibile (lo que se capta por la mente por el verbum), dictium  (la pronunciación que se hace en función de un  dicibile, es decir, la materialidad del signo en sí)  y res (las cosas en sí a las que se remite), pero tampoco se ocupa de éste último como constitutivo del proceso de la semiosis y lo trata como “lo que queda”.  Tampoco en Saussure se puede hablar de que la operación sígnica se entienda sólo como una relación diádica entre un algo y un significado, como tan fácilmente se ha presentado.  Para Saussure “lo que el signo lingüístico une no es una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica.  La imagen acústica no es el sonido material, cosa puramente física, sino su huella psíquica, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos”  (course. Primera parte. Capítulo 1 § 1.)  Vale la pena comentar varios aspectos de esta descripción de Saussure: por una parte, si bien sus descripciones se circunscriben al signo lingüístico, es posible identificar la operación semiótica genaral en ellas; por otro  lado, se infiere que la huella psíquica del sonido es tan material como aquél pero es aquella la que verdaderamente está operando relaciones con el concepto: “proponemos  conservar la palabra signo  para designar el conjunto, y reemplazar concepto e imagen acústica respectivamente con significado y significante”  (ibídem).  Además, en esta descripción queda claro  que ese “algo” (aliquo) en cuyo lugar está el signo lingüístico, no hace parte del proceso de semiosis lingüística en el sujeto de significación. En Saussure, no son pues las condiciones de la naturaleza de los objetos, que están por fuera del lenguaje, las que operan relaciones con los “conceptos” o “interpretantes” en el sujeto de significación, ni siquiera las de los sonidos de las palabras o los “significantes” (cualquiera que sea su materialidad); podría decirse que la semiosis  es un proceso netamente psicológico  . En todo caso, no aparece como objeto de la lingüística ni de la semiótica la “cosa en sí” que produjo la huella psíquica, pues bien podría estar o no estar afectando directa o indirectamente al sujeto:  no necesitamos del sonido de la palabra para que ella opere en nosotros, no necesitamos que la lluvia nos moje para que tengamos una significación de tal experiencia.  Confundir estos dos planos de existencia, el de las cosas por fuera del lenguaje y el de las cosas dentro del lenguaje lleva, por ejemplo, a confundir el sistema de los semas con el de las cualidades de los objetos; no se puede suponer una relación directa, inyectiva, entre un plano de existencia y otro.  La naturaleza de aquello que puede constituirse en signo no interesa tanto a la semiótica como la signi-ficación; quizás sí a la física.
Conviene, pues, relativizar las observaciones de la naturaleza de los objetos (todos susceptibles de signi-ficarse) como determinantes de la significación;  en este sentido habría que entender a Eco cuando  dice que “El signo no existe nunca como entidad física observable y estable, ya que es producto de una serie de relaciones.  Lo que se suele observar como signo es sólo su forma significante” (1973: 170).  Esa “forma significante” sería  todo  aquello cuya materialidad puede impresionar al sistema perceptual-cognitivo de un sujeto; sin embargo, lo que verdaderamente operará relaciones con el “concepto”, no sería tal materialidad significante sino su huella psíquica.  Ahora bien, si tal huella psíquica no necesariamente es generada en el sujeto por una particular forma significante, habría que diferenciar estas dos operaciones: las de la relación forma significante – sujeto y las de huella psíquica – concepto.  Que estos dos fenómenos sean diferentes, no quiere decir que no tengan relación entre sí, más bien, reta a describir mejor de qué manera se articulan en el proceso de la producción de sentido. Puede  decirse ahora que el signo, o la forma significante, será todo aquello que, pudiendo impresionar a un sujeto de significación, media una generación de sentido, lo cual es un proceso continuo bio-psico-social , y el signo comunicativo sería todo aquello a partir de cuya experiencia compartida, dos sujetos podrían negociar sentidos.
En fin,  parece que en la historia de la semiótica hay una orientación clara hacia no  ocuparse de aquello que está por fuera del lenguaje, por fuera del sistema semiótico para describir cómo funciona la generación de sentido y tratar a este proceso, más bien, como un sistema cerrado pero impresionable por el medio.
Un  objeto  no puede  ser  signo  de sí mismo o  acaso ¿qué  sentido tendría  decir esto? Querría  decir que algo se constituye en mediador de sí mismo para  un sistema semiótico, pero en ese sentido la relación de mediación desaparecería.  Lo que puede significarse con esta expresión, es que la semiosis que produce la percepción-cognición de un algo en un sujeto de significación  lo ha signi-ficado: o bien se ha reconocido su existencia, o bien se lo ha clasificado como miembro de una clase, o se ha validado como argumento de una función (y, por tanto, es susceptible de ser usado como representante de la misma) o bien se ha cuantificado… etc.

Eco Umberto
1994 [1973]    Signo  Editorial labor  segunda edición.  Bogotá
CASAÑARES Wenceslao
2002        Signo y representación en las teorías semióticas, en Estudios de Psicología, 2002, 23 (3), 339-357, Fundación Infancia y Aprendizaje, Madrid.
PEIRCE Charles Sanders
1931- 1958    Collected Papers (C.P.) vols. 1-8, C. Hartshorne, P. Weiss y A. W. Burks (eds). Cambridge, MA: Harvard University Press. Se usó la versión electrónica de Larry Hickman. IntelLex Corporation, Charlottsville, Va (1996).
OVIEDO Tito Nelson
1997    Hacia una base semántico comunicativa para la gramática. Universidad del Valle. Cali
SAUSSURE Ferdinand de
1976 (1915)    Curso de Lingüística General. decimoquinta edición en Español. Ed. Losada. Buenos Aires.

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