Entender el abstencionismo en Colombia

Entender las causas del abstensionismo es clave para planificar acciones de participacion popular en las decisiones de este País. En esta nación, todo se ha decidido de espaldas al pueblo. Participar se considera inútil. La persistente abstención muestra esa apatía e impotencia incluso. ¿Para qué votar si los dueños de la hacienda ya decidieron? ¿Para qué votar si ellos realmente no respetarán la voluntad del pueblo? Hubo una guerrilla, el M19, que se levantó por la indignación que produjeron unas elecciones robadas descaradamente. Un acto de dignidad que ha sido la excepción en nuestra historia.
 
Por eso, considero que haber puesto en el debate político la necesidad imperiosa de acabar con el conflicto armado en Colombia, y que ello pasase por la voluntad del constituyente primario, es un avance importante. Pero los dueños de la hacienda no se esperan (ninguno de ellos) los resultados de esa voz en las urnas. Es que no saben qué hacer si el pueblo decide. No tienen un plan B, nunca lo tienen, pues siempre ganan. Es la herencia del Frente Nacional: sea azul o rojo, el pueblo no decide cómo debe orientarse el Estado. Pero, desde el 2 de octubre, las cosas ya no son así de claras.
 
Los del NO no votaron por continuar con la guerra, sino contra las FARC, contra Santos, contra la reforma tributaria, contra la “ideología de género” y contra un modo de acabar la guerra… El diablo lo vieron en detalles los pastores cristianos y muchos desinformados.
En mi opinión, el populismo de derecha apeló a las emociones y arrastró a las urnas con eficacia. Los alineados por el SÍ apelaron a los argumentos, pero también a la emocionalidad, celebrando la esperanza como la lechera de la fábula, desconociendo que el pragmatismo político debe mover al voto. No lo hicimos.
 
En síntesis, hay que pensar en cómo mover a las urnas: después del plebiscito del 2 de octubre un hecho para capitalizar en contra del abstensionismo es que lo que se vota tiene repercuciones: los políticos no pueden actuar sin el pueblo. Que el pueblo lo entienda es importantísimo. Por otro lado, la emotividad y las creencias mueven más que los argumentos. Si caer en el maquiavélico “los fines justifican los medios”, creo que hay que perderle el miedo a usar la comunicación emocional en la política electoral. Los populistas son los que mejor lo hacen: Gaitán lo hacía, Rojas Pinilla y Uribe… hay que estudiar eso (de mano de los publicistas, por ejemplo) y aprender.

Diálogo de saberes en el Sistema de Educación Indígena Propio de Colombia: Hermenéutica contra inconmensurabilidad

Diálogo de saberes en el Sistema de Educación Indígena Propio de Colombia: Hermenéutica contra inconmensurabilidad

Pérez, C. E. (2016). Diálogo de saberes en el Sistema de Educación Indígena Propio de Colombia: Hermenéutica contra inconmensurabilidad. Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, 36(113), 22.

http://revistas.usta.edu.co/index.php/cfla/article/view/2256

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Triduo Pascual

TRIDUO 1.
El memorial del juicio político a JESÚS por rebelión, como a cualquier zelote, su condena a la muerte en cruz por parte del imperio romano, recuerda que el Dios de Israel es parcial, que toma partido en el seno de la historia por las victimas en contra del victimario. Así fue desde el hecho fundante del mar rojo. Y lo hace resucitando al crucificado, no sólo por que le da la razón, sino por que se la quita a sus verdugos. La muerte no tiene la última palabra. Por eso se conmemora todo eso comiendo y bebiendo, reuniendo a los testigos del que vive en un acto que, en el más llano de los sentidos, sirve para alimentar la vida. Lástima que se le pegó Tanto rito y protocolo a esa cena del memorial.

TRIDUO2
Darle sentido a la muerte es algo que todas las religiones hacen. El memorial de la pasión de Jesús de Nazareth no sirve para eso. Es una muerte absurdamente cruenta e injusta. Ella no tiene sentido. Tanta imagen de la pasión que reproducimos en el barroco latinoamericano no le da más aceptabilidad. Para reconocer La mortalidad del hombre Jesús, la plena solidaridad del Hijo de Dios encarnado con la humanidad no se requiere de tanta sangre. Es el saber que la resurrección se impone al absurdo de semejante pasión, no querida por el Padre, lo que le da sentido. Por eso la recordamos con esta tradición gráfica tan cruda, para que la luz contraste con el sinsentido de la injusta muerte y la denuncie como lo que Es: contraria al querer de Dios.

TRIDUO 3 (finale)
La primavera, como el amanecer tras el solsticio de invierno, son momentos de los ciclos de la naturaleza que se significan en muchas religiones como esperanza en que la muerte no es el fin. La “Pascua Florida” de los cristianos se parece a eso, y aprovecha tal arquetipo, pero no ese su significado. Para la fe de los judíos es contradictorio que haya un resucitado sin que sea el fin de los tiempos que esperan. Esa revelación no es inteligible en su cultura, pero usa la creencia de los hijos de Abraham en la posibilidad y promesa de que Dios restaura la vida. La Pascua es una fiesta que alegra por razones menos primitivas que las del sentido trascendente que damos a la primavera y se distancia de la fe judía: la vida del nazareno es una vida que puede segarse, no hay duda, morir no ha dejado de ser parte del proyecto divino, el renacer sí es posible como intervención divina, pero la novedad está en que el restaurado es ese singular nazareno, crucificado por los romanos, amigo de leprosos y prostitutas, enemigo de la contingencia de la ley religiosa y civil, sanador de enfermos y reconciliador de pecadores atribulados. Ese. Ese y no otro. Es esa la vida que no se desvanece, la que la mano de Dios vuelve a alentar tras la muerte.
Tenemos entonces a un Dios parcial en su intervención histórica en favor de las víctimas, que le da la razón al modo de vivir de un único y singular hijo suyo al resucitarlo (un acto de amor, sin duda) y se la quita a los victimarios (un acto político de justicia, podría ser). Así, que el nazareno esté vivo, es buena noticia, y lo es de un modo realmente novedoso para las religiones del mundo que había hasta el momento en que semejante cosa fue testificada. Hacer el camino tras y con el nazareno es garantía de ir tras un amado de Dios… ¿Quién contra él? ¡Ni la muerte! esa certeza al caminar le ha dado una vida gozosa a los discípulos – testigos: esa gente de su grupo compartía, comía y bebía como si el fin de los tiempos fuese en su presente (el gozo del Ahora) y las luchas en que los metió el carpintero eran afrontables sin miedo. Que sobre semejante novedad se montara la cristiandad, que el amor no sea amado, es otro asunto, pero que esto que conmemora el triduo Pascual sea buena nueva, no lo pongo en duda.
Gracias a Fray Jorge Gómez por hacerme leer estas cosas de este modo…

 

El rabo del perro

Los refranes populares contienen sabiduría, es decir, filosofía práctica. Condensan, además, experiencia colectiva. Escuché hace poco: “A perro desconocido no se le jala el rabo“. Entendí que la prudencia para la interacción con el otro pasa por el tiempo de conocerle, que no conviene obrar hacia él desde sí sin saber del modo de actuar, reaccionar y pensar del otro. Jalar del rabo puede significar ejercer fuerza, molestar, tener sexo inclusive. Nada de eso se puede hacer hasta no saber quién es el otro… ahora bien ¿alguna vez se logra saber del otro? ¿Qué querría decir que el perro fuese conocido? ¿Si no logramos muchas veces conocernos a nosotros mismos se puede hacer eso? Será mejor no jalar rabos hasta que no sepa cómo es eso de conocer-se y conocer.

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Una pildorita acerca del Amor

El amor se hace escurridizo cuando nos centramos en nosotros mismos. El otro en el amor no es un don, querría decir que pasa a pertenecernos por la gratuidad de su generosa donación. La propiedad es contraria al amor. El otro no es una responsabilidad, querría decir que deja su autonomía, que su cuidado de sí se depone para supeditarse al nuestro. La dependencia es contraria al amor. El otro en el amor es el rostro inaprensible, irreductible, incomprensible incluso que se nos impone, que en su obligarnos a salir de nosotros mismos para encontrarle nos transforma. Así, el amor es lo que nos hacer ser más allá de la esencia, más bien, es lo que nos hace descubrir que lo esencial no es el ser, sino inter-ser, ser con el otro. He sido, pero no soy, y entre el ser y el no ser el devenir me constituye.

El temor al absolutismo en la ciencia ficción

Los Wachowski en “matrix” y en “Cloud atlas”, y de alguna manera en “Jupiter ascending”, han expresado el temor a un futuro de gobierno totalitarista, que ejerza el control de mentes y cuerpos, de economías y sistemas políticos que usan al hombre como objeto y no como fin.  Pero este temor al absolutismo es casi una constante en la ciencia ficción. 1984 es el arquetipo en el que se basa toda esta línea de continuidad en el género literario:  el gran hermano que lo ve y lo controla todo, al cual debe rendirse cuentas y ante quien las singularidades son anuladas.  En “Brasil” el biopoder de ese sistema, que cercena las voluntades con  lobotomías efectivas, va más allá de la burocracia kafkiana que la misma película retrata, es más radical en la intervención sobre los cuerpos de lo que “la naranja mecánica” pudo plantear, o de lo que “equilibrium”, con sus dosis reguladas de medicamentos inhibidores de la emoción presentó decadas después.  Esta cirugía se repite en “sucker punch” y en muchas otras historias.  Los Borg de “star trek”, los cybermen de “dr. who”, los humanos colonizados desde dentro en sus conciencias de “the invasion” y tantas  otras historias  expresan el mismo temor a la intervención física sobre los cuerpos para arrebatarles su libre albedrío.  Pero es el mismo temor:  la supresión de la libertad e identidad individuales por un sistema externo .  La ley, la norma y el control impuestos a las conciencias y a los cuerpos.  Toda la mitología de los zombis en la ciencia ficción, un sub-género en sí mismo, no es más que una derivación de este temor a estar muerto en vida al perder la voluntad a causa de este agente externo que controla desde dentro.

Hay héroes en estas  historias que lideran revoluciones, exitosas, pero son más las tragedias que muestran la inutilidad de tal levantamiento. Mr. K en “el proceso” de Kafka, ejecutado por el absurdo del sistema, es el arquetipo anticipado de la futilidad de la resistencia individual.  La muerte programada, ineludible, de los replicantes en “Blade runner”, no nos deja alternativa:  ni siquiera huir es posible. Los rebeldes masacrados son más en toda esta mitología que los héroes exitosos.

Pero este temor no es otra cosa que la defensa, por la vía negativa, del paradigma moderno de la libertad individual, de la autosubjetivación, de que la razón de ser del Estado en la protección de las libertades individuales.  Un paradigma que se siente frágil, desde la condena de Sócrates, y debe mostrarse como el axioma de la civilizacion:  Perderlo es perder la quinta esencia de la humanidad.

Yo disfruto de los relatos, sin embargo, no puedo dejar de pensar en que son propaganda que devalúa formas comunitarias de pensar la voluntad, mucho más antiguas que la democracia griega, el Estado moderno o la doctrina de los Derechos Humanos. Formas, por demás, contemporáneas, pero demonizadas, des-humanizadas por la ideología subyacente a estos relatos.

Por la memoria ancestral, la primera Universidad Autónoma Indígena del país

Categorías:antropología, educación